Exposiciones virtuales

Presentación

Ning√ļn medio de reproducci√≥n puede sustituir la contemplaci√≥n de una obra de arte directamente. Asumida esta m√°xima, no se puede olvidar que con frecuencia¬†encontramos¬†las obras de arte fuera de contexto, y por lo tanto las vemos de manera parcial. Hasta el siglo XIX las pinturas o esculturas no se realizaban para ser colocadas en los museos, hoy puestos en cuesti√≥n y calificados de mausoleos. Las obras de arte ten√≠an su lugar preciso y √ļnico, que en ning√ļn caso pasaba por agruparse por escuelas, autores, cronolog√≠as o tama√Īo en las paredes de un edificio, que m√°s que sede de musas es pasto de masas; decenas de turistas pendientes del se√Īuelo de un gu√≠a que recorre las salas sin parar a velocidad de crucero.

Tampoco la arquitectura sale ilesa. Generalmente in situ, no es menos cierto que las intervenciones despiadadas en su entorno, cuando no en el propio edificio, han tergiversado la perspectiva histórica.

Con esto por delante, las exposiciones virtuales sobre las artes en la Edad Moderna no tienen por finalidad mostrar la capacidad de las nuevas tecnologías, sino que se aprovechan de ellas para recrear las obras de arte en diferentes momentos históricos. Refiriéndose a las artes decía San Agustín (Soliloquia II, 10, 18) que una cosa es querer ser falso y otra no poder ser verdadero. En este sentido, no se pretende suplantar a la obra de arte, y por lo tanto no hay falacia; se quiere, desde el convencimiento de que la imagen no es sino un sucedáneo de la obra, reconstruir su mundo, tan ajeno al actual, e indagar en su porqué.

Miguel √Āngel Zalama.

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